La Estación Retiro, Terminal de Retiro, o Retiro, a secas, en Buenos Aires, acaba de ser remozada. Recobró el esplendor que tuvo al inaugurarse en 1915 y hoy se muestra espléndida para todo aquel que pase por allí.

Yo sabía que la estaban arreglando. De hecho, hace un par de meses la visité y miré desconfiada los trabajos de reparación, con ese típico escepticismo argentino, acostumbrado a los finales poco felices. Sin embargo, cuando hace un mes llegué nuevamente a este edificio, el cual es terminal del Ferrocarril Mitre, no podía creer lo que veía. Quedé “embobada” ante tanto brillo. Porque eso es lo que se ve. Brillo. La estación parece mostrarse igual pero, a la vez, totalmente distinta. El observador que la conoce de antes sabe que algo pasó…pero no alcanza a dimensionar bien qué pasó. Por eso se queda mirando cada detalle. Eso me ocurrió a mi. No podía despegar la vista de cada rincón, de cada elemento puesto en valor, como las luces en forma de antorcha y los carteles con letras en bronce. Me impactó al principio la cantidad de gente que pasaba sin mirar tanta grandilocuencia, apresurada, caminando rápidamente quien sabe a dónde. Pero más me impactó la cantidad de gente sacando fotos como yo. Nunca había visto tantas personas a la vez sacándole fotos a un hito porteño.

Tiempos prósperos

Y no era para menos. La Terminal de Retiro es un fiel reflejo del espíritu progresista de la llamada “Generación del 80”, cuando Argentina se posicionaba entre los principales países del planeta. En aquel entonces los espacios públicos debían ser un reflejo de la abundancia económica arrolladora. Por eso este edificio fue en su momento uno de los más imponentes del mundo. Y eso que no se hizo de acuerdo a los planos originales, porque en plena construcción comenzó la Primera Guerra mundial y hubo que ajustarse. La oficina de arquitectura porteña conformada por los hermanos Conder, y Sydney Follet, todos británicos, había presentado en 1908 un proyecto aún más ambicioso, un tercio más grande. Pero esa es una anécdota. Lo que afortunadamente se muestra hoy basta y sobra. Vemos un hall central imponente, que incluye boleterías, confiterías y dependencias del ferrocarril, de estilo neoclásico, el que imperaba en la época y era traído desde Francia, país referente indiscutido en cuanto a estética arquitectónica en ese momento. Me encantó la puesta en valor de carteles de bronce, lámparas en forma de antorcha, el gran reloj, que funciona!, y ahora se ve en todo su esplendor, colgando del techo iluminado y bien pintado. Por otro lado está la contraparte funcional, una imponente estructura de hierro y vidrio, que cubre una serie de andenes, ejemplo de la Segunda Revolución Industrial, traída por partes desde Liverpool, UK.

 

 

Me encanta lo que se hizo en Retiro, porque se ha puesto en valor de manera impecable un ejemplo de arquitectura ferrocarrilera, patrimonio de todos los argentinos

Reformas acertadas

Obviamente, lo que podemos admirar hoy en día no es exactamente igual a lo de entonces. No lo puede ser, porque los tiempos cambiaron, la tecnología cambió y, sobre todo, porque las sucesivas intervenciones o arreglos efectuados a lo largo del tiempo hicieron estragos. El visitante frecuente ya se había acostumbrado a los puestos informales de todo tipo que se habían instalado sin un aparente orden o al espantoso piso de baldosas rojas que en algún momento, quién sabe cuando, reemplazó al original, seguramente elegido para escatimar gastos y sin tener en cuenta las consecuencias estéticas nefastas sobre este ejemplo de arquitectura ferrocarrilera, patrimonio arquitectónico de todos los argentinos. Cuando empecé a ver fotos históricas, una vez sentada cómodamente en mi casa frente a la computadora, me di cuenta que lo que me había llamado la atención, sin poder identificar concretamente la razón, es el cambio de piso. Si. Ese color rojo deslavado y sucio, que opacaba al edificio, no estaba más, había sido cambiado. Por eso tanta luminosidad. Ahora se camina sobre una gran superficie de baldosas color crema, las cuales destacan aún más la opulencia arquitectónica, reflejando la luz. Para mí, un verdadero acierto. Como todo lo que se ha hecho o ha puesto en valor. Por eso, ya saben. Si van a Buenos Aires, si viven en Buenos Aires, dénse una vuelta por ahí, que vale la pena.