Portador de un espíritu inquieto, la vida de este arquitecto francés nacido en 1901 estuvo marcada por la constante búsqueda de nuevas soluciones a la vida moderna, y que determinaron objetos atemporales, como el mobiliario diseñado entre los años 30 y 50, que siguen más vigentes que nunca.

La dicha ( mía ) de ver originales

Hace unos años, visitando París, cerca de la Bastilla, en una zona que se estaba consolidando con tiendas dedicadas al diseño y a la gráfica, tuve la oportunidad de maravillarme por primera vez con objetos originales de Jean Prouvé, un arquitecto que innovó en su época. Mientras caminaba tranquilamente vi una fachada ciega, con una sola puerta y un simple número 6. Resultó ser la galería de Patrick Seguin, enfocada en la exhibición de mobiliario de diseñadores fundamentales en la historia del diseño, y dedicada a coleccionistas que buscaran ese tipo de objetos tan escasos. Toqué el timbre, me dejaron entrar y ante mí se abrió un enorme espacio blanco.

GALERIE PATRICK SEGUIN 5 rue des Taillandiers F-75011 | Paris +33 (0) 1 47 00 32 35 info@patrickseguin.com Está abierta de lunes a sábados de 10am a 7pm

Entre elementos vintage de diseñadores franceses de los primeros 50 años del siglo pasado se destacaban los objetos del Prouvé cual esculturas dentro de un ambiente inundado de luz natural. Me deslumbré con esa combinación de metal y madera en elementos que oscilan entre lo industrial y lo doméstico, y son tan atemporales. A tal punto que hoy estas piezas no solo siguen en producción, si no que están de “moda” ( bienvenida la moda en este caso!) Y pocos saben ( por que lo sé ) quien es el autor. Por eso. Acá va su historia. Y esos objetos que a mí, personalmente, me fascinan.

Ambiente de vanguardia

Hay que ubicarse en la época, para comprender y tomar dimensión de lo que hizo este hombre. Jean Prouvé (1901-1984) nació en un momento y en un lugar en que los canones estéticos estaban en constante revisión, las ideas bullían y los arquitectos, artistas y artesanos se agrupaban para discutir y exponer las nuevas tendencias que proponían, entre otras cosas, una visión estética global, aplicada a todo lo que rodeaba al ser humano, ya sea la ciudad, la arquitectura, el diseño, el mobiliario, el arte, todo. Creció en Nancy, Francia, en donde los preceptos del Art Nouveau, la nueva vanguardia, se condensaban en la Ecole de Nancy, movimiento que revolucionó las artes decorativas y la arquitectura, y del que fue miembro activo su padre, el pintor-escultor Victor Prouve.

El joven Jean, por iniciativa de su padre, se inició tempranamente en el trabajo metalúrgico, una actividad que sin dudas influiría en su posterior actividad profesional. Su inquietud lo llevó a colaborar y relacionarse con arquitectos y diseñadores de la talla de Le Corbusier, su hermano, Pierre Jeanneret, y Robert Mallet-Stevens, con quienes funda la UAM (Unión de Artistas Modernos), precursora del Movimiento Moderno.

Con estos antecedentes e influencias, y un evidente talento para la innovación, Prouvé exploró nuevas propuestas en la arquitectura – con la construcción modular y prefabricada- y en el diseño, con objetos pensados para ser producidos industrialmente, elementos funcionales y con un uso honesto de los materiales.

Talento creativo

Comenzó a trabajar en forma independiente en 1923, en Nancy, desarrollando objetos en fierro y acero, mayormente lámparas y elementos como manillas, barandas y rejas, hasta que más adelante abre “Ateliers de Jean Prouvé” y empieza su producción de mobiliario, destinada primordialmente a lugares públicos, como universidades y edificios institucionales. A esta época corresponden piezas de antología, como la silla Standard y la butaca Cité, ambas muy apreciadas en la actualidad por coleccionistas y amantes del diseño.

¿Quién no conoce la SILLA STANDARD? Hoy se la ve en tiendas de todo tipo, en restaurants, hasta en los comedores de las casas. Pensar que su diseño es de 1934…Tiene…84 años! Eso se llama vigencia.

Su visión experimental y habilidad artesanal, que le permitía aplicar una postura “industrial” a sus creaciones, finalmente encuentra una manera ideal de expresarse cuando funda la fábrica de Maxèville, cerca de Nancy, después de la segunda guerra mundial. Se transforma en diseñador y fabricante, y logra tener el control de todo el proceso en la realización de un producto, desde la idea, el dibujo, la experimentación y la concreción, una postura ante el proceso de productos aun hoy única. Empieza a trabajar con Charlotte Perriand ( se merece un reportaje, una grosa, su historia es para un posteo que subiré pronto ), quien también colaboró con Le Corbusier – uno de los impulsores del Movimiento Moderno-, y de esta “sociedad” surge otro hito en su carrera, la Silla Antony, tal vez el objeto de su autoría más buscado hoy en día.

SILLA ANTONY, un objeto creado en la posguerra, o sea, años 50. En esta silla se diferencia claramente la pieza para sentarse, como un componente simple de madera, y el elemento que lo sostiene, de acero, casi un objeto en sí mismo, en donde está la mayor complejidad formal. Es uno de los objetos de diseño de autor que más me gustan. Me encanta como está resuelto el lugar de asiento, la forma de la placa de madera, que parece tan simple pero a la vez tan difícil de realizar; la combinación de acero ( frío ) y madera ( cálido ) y la manera en que se unen las patas al asiento mediante un ángulo metálico con una forma irregular, hasta orgánica.

Y si bien su actividad empresarial tuvo sus altibajos – dejó su fábrica a mediados de los años 50-, su aporte académico y creativo nunca dejó de ser reconocido, hasta el punto de que formó parte del jurado que le adjudicó en 1971 la ejecución del Centre Pompidou, en París, a Renzo Piano y Richard Rogers, una obra discutida en su época pero que hoy es un ícono parisino indiscutido. Su legado está presente en distintos proyectos arquitectónicos y objetos, resultado de constantes experimentaciones relacionadas a la manera más óptima de materializar elementos que fueran un aporte a la vida moderna, de una forma honesta, sin superficialidades. Conceptos que hoy determinan su valoración y su connotación atemporal.

MESA GUÈRIDON (1949). En esta mesa, la forma se asocia magistralmente con la función, derivando en una claridad estructural sorprendente y armónica. Tapa y tres patas de madera se sostienen a partir de elementos metálicos, en plástica tensión.

Lámpara de pared POTENCE. Es una de las obras maestras de Jean Prouvé. Reducida a lo esencial –una bombilla y un montaje de pared giratorio– esta lámpara de largo brazo oscilante está hecha de acero tubular con revestimiento en polvo y cuenta con pomo de madera de haya. Es una de mis lámparas preferidas…tan simple y etérea, y a la vez, llena de detalles.