La casa Outpost, ubicada en el desierto de Idaho, USA, parece posarse cuidadosamente sobre el sitio en el que está emplazada, respetuosa de su entorno, mientras logra sobresalir con sus líneas rectas en el paisaje imponente del que toma unas vistas únicas para el deleite de sus ocupantes.

La preocupación sobre el impacto que genera una construcción sobre el sitio en la que se implanta, la manera en que se relaciona con el entorno existe desde siempre, lo mismo que la búsqueda de soluciones para que funcione de manera eficiente teniendo en cuenta el contexto, considerando la materialidad, las orientaciones, las aberturas o cerramientos. Lo que quiero decir es que no es algo inventado en las últimas décadas, con el advenimiento de la llamada “arquitectura verde”. El deseo de humanizar los espacios, considerando los entornos para beneficio de sus ocupantes, haciendo, en definitiva, una arquitectura amigable en todo sentido, viene desde lejos. El punto es cómo se lleva adelante. Porque finalmente se trata simplemente de usar el sentido común y la creatividad, independientemente de todas las modalidades que puedan existir hoy en día para hacer a una vivienda aun más eficiente desde el punto de vista tecnológico.

Esta casa está ubicada en uno de esos paisajes que a mi tanto me encantan y tanto abundan en el planeta. Concretamente se levanta en el desierto de Idaho, USA, en donde el ser humano es un punto en el universo y no le alcanza la mirada para abarcar el infinito. Aquí, en esta geografía eterna, el ser humano se asienta como puede, muchas veces, de la mejor manera. Y en este caso, la oficina de arquitectura Olson Kundig lo hace con una casa que no es intrusiva, que toma lo mínimo del terreno y se aprovecha de ese paisaje logrando a la vez un reducto íntimo para el disfrute de su dueño, un artista que necesitó un lugar en donde trabajar, seguramente bajo el influjo de esas vistas sensacionales, de esa soledad tan apabullante y a la vez tan inspiradora.

El diseño exalta el paisaje en el que está inserta a través del contraste de sus líneas rectas. También dialoga con ese entorno mediante una silueta austera, llevada a una forma esencial, y una construcción que se adapta a la rudeza del lugar. Los arquitectos nos confirman que “ los materiales usados en la estructura, incluidos los bloques de cemento y madera laminada, requieren poco o muy poco mantenimiento, y son capaces de resistir el clima extremo que caracteriza a las cuatro estaciones del desierto”.

Altas paredes que se extienden desde la casa encierran un espacio exterior, delimitando la privacidad ante la inmensidad. Allí, un jardín evoluciona con las distintas estaciones del año y conforma un pedazo de naturaleza propio, un claustro para ser disfrutado en completa intimidad por los habitantes de la casa. Desde la oficina de arquitectura nos aclaran que “ un aspecto importante de la obra es el “jardín-paraíso” protegido, el cual está separado del paisaje salvaje mediante anchas paredes de concreto.”

Por fuera, materiales que demandan poco mantenimiento, a tono con la rudeza del clima, y por dentro, la calidez de la madera en techos, pisos y paredes, generando ambientes acogedores. Los objetos y mobiliario combinan en la gama de los colores tierra, en espacios que por ser austeros no son menos afables. Las grandes ventanas hacen ingresar al paisaje omnipresente.

Un espacio totalmente integrado, en donde se destacan la cocina, el comedor y zonas de estar, todo dispuesto para el disfrute del avasallador paisaje.

Junto al comedor y su larga mesa antigua se dispone una zona de estar o living más formal, en donde se destacan cuatro sillones de color marfil al estilo bergere.

Elementos estructurales que son aprovechados para incluir estanterías en donde se disponen objetos y libros.

La cocina con sus líneas puras y sin ningún elemento sobresaliente, con un mobiliario que pasa prácticamente desapercibido, permite que el paisaje sea el único protagonista.

Junto a la escalera, una zona de estar conformada por muebles hechos in situ, esto es, que no pueden moverse, y por lo mismo, otorgan al ambiente una sensación de informalidad