Siempre digo que el diseño lo es todo….o casi todo. El buen diseño. Ese que te hace vibrar y que te hace la vida más bella. Porque la diferencia está ahí, en los detalles, en el cuidado por hacer cualquier cosa con el respaldo de conceptos. Porque para mi, el buen diseño tiene que ver con eso….con los conceptos, con ideas contundentes que, materializadas, hacen que un objeto pueda ser “leído” en su totalidad armónica, como un todo que trasciende a estéticas y, además, pueda ser propositivo.

Hace años me muevo sobre dos ruedas, pero de bicicleta. Llegó un momento en que necesité “motorizarme” y, después de mucho buscar, encontré la moto que se adapta totalmente a mi estilo. Conservé esa libertad que aprendí a tener sobre una bicicleta, pero con la moto le agregué ese plus de adrenalina que tanto me gusta, junto a la posibilidad de transitar ágilmente por Santiago.

Y eso pasa en todo. Por lo menos para mí. Cuando decidí comprar una moto sabía lo que quería en relación a las especificaciones técnicas…Una moto de baja cilindrada, como para empezar. Porque nunca tuve moto….Y hasta que compré la mía, nunca había manejado una. Así que tenía que ser una moto chica, liviana, urbana. Hasta ahí, ninguna novedad. El punto es que obviamente quería una con personalidad, que mezclara la tecnología con la elegancia, una con la cual me identificara en estilo, que tuviera, como se dice en Chile, “cuento”.

Altavia Works Parisienne es el modelo. Una genialidad. Se inspira en el Renault 4 Parisienne de los 60, que proponía una edición especial hecha sobre la base del Renault 4 convencional. En este caso, la Parisienne está hecha sobre la base de una Honda Tuf de 125 cc, pero modificada de tal manera que adquiere otro significado sin demasiados alardes ni grandes modificaciones. Cambios en el manillar, luces y sector frontal; una excelente elección para el asiento y su tapizado y una pintura con una trama espectacular para el estanque. Puros detalles que hacen la verdadera diferencia. De eso se trata el buen diseño.

Busqué y busqué, y no aparecía lo que quería. Achiqué un poco el universo de las posibilidades: me gustó la onda de las motos “cafe racer”, que es un estilo de motocicleta y motociclismo muy definido que nació en Gran Bretaña allá por los años 50 y es producto de la cultura roquera del momento. Hoy en día – como antes – supone una moto personalizada, con una ubicación baja del manillar, por lo cual el cuerpo del piloto va recostado sobre del estanque.

Finalmente, encontré lo que quería. Aparte de gustarme mucho la estética de las motos que fabrica Altavia Works, la empresa propone una serie de conceptos nuevos. Por un lado, la estandarización de la customización. Parece un contrasentido, pero no lo es. Ofrece modelos al estilo cafe racer y tiene la libertad de ir agregando nuevos ejemplares exclusivos….. Y lo más interesante, acuñó el concepto “Traffic Jam Racer”, aplicado a una moto  capaz de moverse ágilmente en el tránsito urbano más complicado. Cuando me decidí no quedó otra que tomar  un par de clases con una moto similar a la que finalmente compré y en ese momento estaba en proceso de ser construida, incluso ideada, para un público femenino. Amelia Lamoto ( así llamé a mi moto…tengo dos bicicletas con nombre y apellido, Celina y Marlina Labici, así que no podía ser de otra forma ) iba a ser la primera en su tipo. Lo interesante es que me entusiasmé tanto que la compré sin saber  exactamente cómo iba a quedar hasta que la recibí, unos días antes del evento The Distinguished Gentleman´s Ride del año pasado, en el cual participé. Cuando fui a su encuentro, fue como un “blind date”…Y me enamoré. No la podría haber imaginado mejor. Fue amor a primera vista.

Más allá del diseño

La primera vez que conduje a Amelia Lamoto fue pura adrenalina. Lo hice entre mil motoqueros aproximadamente que participaron en el DGR del año pasado. A partir de ahí, fue ir entendiendo que hice la mejor inversión. Llego rápido a cualquier lado y con todo el estilo. Además, sumo puras anécdotas y buena onda. En la calle, mis “compañeros” de movilidad me saludan, felicitándome por la moto. No pasa desapercibida, por su estética tan cuidada y elegante, sin llegar a ser en extremo femenina. Y eso me encanta.