Hace años que busco y edito contenido de arquitectura. Bueno, al ser arquitecta lo vengo haciendo desde mucho antes de transformarme en publisher y periodista. Una va conformando su estilo, su postura conceptual, su posición ante la estética de tanto ver. Porque eso es lo que hay que hacer ( por lo menos, eso es lo que opino yo…) ver y ver, comparar, sacar conclusiones. Cuestión que tengo algunos “kilómetros recorridos” en este tema….Y de todo lo que he visto, entre todo lo que me llamó la atención, está la obra del arquitecto Luciano Kruk.

La primera obra que vi de este arquitecto argentino en realidad fue integrando una oficina con otros socios. Se trataba ( o trata ) de una casa de hormigón en medio de un bosque, cerca de la playa, de una síntesis notable y diálogo con el entorno impecable. Entendí que había un concepto contundente atrás ( o sea, la definición de una necesidad aplicada a la realidad de una manera clara y concisa ). Pasó el tiempo, y Luciano Kruk abrió su propia oficina, y con ella, siguió aplicando en cada obra un sello muy personal.

La casa de Tortuguitas

La obra de Kruk se ha desarrollado fundamentalmente en la costa bonaerense, entre médanos y bosques de pinos, entre los cuales interactúa, integrándose al entorno. Esta casa, en cambio, está ubicada en un condominio a unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires, en un terreno de 800 m2. Tal vez por eso la casa parece estar en diálogo consigo misma, a partir de un espacio exterior central que cuenta con un espejo de agua sobre el cual se puede caminar por unas piezas de hormigón. Representa un elemento compositivo al rededor del cual se desarrolla la casa.El uso del hormigón a la vista y los materiales nobles es el sello distintivo de esta oficina. Los dueños de la casa buscaron la oficina de Luciano Kruk justamente por eso: querían una propiedad con el estilo arquitectónico que la distingue. Es el tipo de situaciones que ocurren cuando existe una línea conceptual además de estética, muy clara, que se mantiene en el tiempo y se refleja en cada obra ejecutada.Una vez adentro, el juego de luz y sombra es evidente. Las superficies vidriadas ubicadas estratégicamente y  los distintos elementos que conforman la obra, como por ejemplo la escalera hecha “in situ” con escalones que parecen flotar, las aberturas hacia el exterior dispuestas de una manera certera o los paneles de hormigón puestos con distintas inclinaciones en una de las fachadas detrás de la cual está el living y el comedor, permiten que la luz natural se cuele en los espacios dándoles vida a lo largo del día.

La casa en “U”

Uno de los requerimientos consistió en disponer el dormitorio principal alejado del dormitorio de los niños. Básicamente se generaron dos “alas”, unidas por la circulación vertical ( escalera ). En el nivel inferior me encantó el living en doble altura, en donde se destaca un elemento de hormigón que incluye la chimenea y aberturas cuadradas dispuestas de manera aparentemente aleatoria, que le dan “vitalidad” al ambiente. Lo mismo logra la variedad en el diseño de ambas fachadas que lo contienen.

La elección de mobiliario del Movimiento Moderno no pudo ser más acertada, porque combina perfectamente con las líneas de la casa ( piezas de Le Corbusier y de Mies van der Rohe, diseñados en los años 20 y 30 ). Destaco los sectores que arman por un lado las dos sillas Barcelona junto con el Chaise Longue junto a la mesita que tiene una alfombra debajo…Y por el otro, el sofá LC2 de Le Corbusier junto a una mesa blanca, en total contraste, pero logrando equilibrio. El piso de madera otorga calidez al ambiente al igual que la biblioteca. Junto a ella, otro clásico, esta vez de los norteamericanos Ray y Charles Eames, “Lounge y Ottoman”, diseñado en 1956. A través de la ventana corrediza se ve el “patio de agua” y, más allá, una terraza que se ubica siguiendo al lado del comedor y la cocina, debajo del dormitorio principal. El mobiliario sigue siendo clásico, también obra de Ray y Charles Eames. Están de “moda” ( esa palabrita….), pero en este contexto no pueden quedar mejor. Atemporalidad en una casa contemporánea que desde sus materiales y líneas apunta a lo mismo.

Los espacios íntimos

En el piso superior están los dormitorios,  con un gran protagonismo del dormitorio principal. El hormigón y la madera en pisos siguen siendo los materiales nobles elegidos para contener espacios llenos de luz. De nuevo, el uso de una pieza de hormigón hecha en el lugar, esta vez “colgando” del techo, actúa como su fuera un elemento escultórico para separar dos sectores: el de dormir y el de trabajar. Minimalismo, pero del bueno, con intensión, en donde cada cosa se destaca por cumplir con un propósito. No se necesita más que la cama entera de madera, un aporte también a la calidez del ambiente, y la silla del escritorio, de Ray y Charles Eames, diseñada en los años 50, otro gran clásico. Afuera, un jardín consolidado, con las copas de los árboles que llegan a la gran ventana de líneas puras que acompaña toda la pared. 

La otra fachada

Desde afuera vemos la terraza, ubicada debajo del dormitorio principal, junto al comedor y la cocina. Destaco los distintos planos de hormigón y vidrio, al igual que los llenos y vacíos de la fachada, que generan mucha riqueza espacial y visual. Una constante en esta casa, que logra esa riqueza tanto en el exterior como en el interior con recursos simples y certeros, fundamental para otorgar una calidad de vida agradable a sus habitantes. Porque, al final, de eso se trata la arquitectura.